martes, 27 de febrero de 2007

¡Oiga!, ¿Aquí no tenemos C.S.I?

El periodista Ignacio González ha publicado hoy una noticia en el ABC que me ha dejado ... perpleja!. Un claro ejemplo de chapuza nacional: Un cadáver ha estado cuatro meses en el depósito del Hospital Valdecilla, en Santander, sin que avisaran a su familia. Lo verdaderamente desastroso es que el difunto tenía el DNI en el bolsillo.
Cuenta González que por delante del cadaver pasaron: la inquilina del piso, médicos del 061, funcionarios de la Policía Local, efectivos del Cuerpo Nacional de Policía, agentes de la Judicial, unidades de la Policía Científica, el juez, el secretario del juez, el forense del Juzgado de Instrucción nº 1. El pobre difunto estaba reconocido, pero por alguna extraña razón, a nadie se le ocurrió darle la mala noticia a la familia. Y eso que sus parientes habían denunciado la desaparición hasta en dos ocasiones y un conato.
El "caso Barquín" se resolvió gracias a la casualidad: cuatro meses después de la desaparición, un primo escuchó una conversación entre varias personas, en la que se comentaba que no sabían qué hacer con el cadáver de un tal Cesáreo que llevaba mucho tiempo sin ser reclamado.
Lo triste es que tras la denuncia de la familia a los Ministerios de justicia e Interior, se desestima la reclamación porque " no se puede apreciar la existencia de irregularidad o mal funcionamiento del servicio". Esto es el colmo. Y si hubiese funcionado mal, ¿qué habría pasado?.
Señores, para resolver un problema es necesario reconocer su existencia. ¿Cómo es posible que las cosa vayan a quedar así? Imagino el dolor de la familia. Cuatro meses buscando a su pariente sin saber si estaba vivo o muerto, y nadie es capaz de decir: perdón, la culpa es mía, o nuestra. Y en lugar de reconocer el error, la justicia concluye que ¿¡no queda demostrado el mal funcionamiento!? No oiga, por aquí no paso. Esto no tiene nada de arte; no me convencen. ¿Y a tí?

2 comentarios:

Sandra Rodriguez dijo...

joder! pobre gente.

David Blázquez dijo...

lo de no reconocer las culpas es el principio número uno de todos los incompetentes que ocupan un cargo que les queda grande